jueves, 26 de febrero de 2026

Adorables vecinos

Suena una música machacona. Una planta más abajo. ¿Dos? Lo escuchas todas las noches. Puede que no exactamente la misma canción... si es que se le puede llamar así, pero desde luego que sigue el mismo patrón: moderno, eléctrico, insistente, sin pausas. Una batería constante que, a ratos, incluso acelera aún más su ritmo. Pa, pa, pa, pa. Más fuerte. Más rápido. PAPAPAPA.

Te apagas. O sea, te tienes que apagar porque en seis horas y media vuelves al ruedo; a la acción, al trabajo básicamente. No eres actor. Solo a veces te sientes como una marioneta. Pa pa pa pa pa pa. Sigue ahí, aunque tus oídos no lo registren, tu cerebro ha aprendido a tomarlo como un latido más y ha asumido incluso que es parte imprescindible de tu supervivencia. ¿Por qué? ¿O sea, de verdad? Desde luego que no estás de acuerdo con esa forma de adaptación, no es algo con lo que hayas nacido, pero da igual tu opinión, tu cuerpo ha tomado la delantera a tu pensamiento. ¿Si? Esto... ¿es posible? ¿No eres capaz de manejar tu propio cuerpo? PAPAPAPA. Pa, pa, pa. PAPAPAPAPAPA.

Enciendes la luz con cierto cabreo. ¡Qué coño! Estás muy enfadada. ¿Es que la gente no sabe vivir en sociedad y respetarse? "No", te contestas tú mismo. Ni sabe, ni le interesa. PAPAPÁ.

Te levantas de la cama impulsada a bajar en pijama en busca del capullo que no respeta el descanso de los demás. Llamarías a su timbre, te lanzarías a su yugural y listo, piensas. Un poco violento quizá, pero desde luego que nadie podría alegar que no fuera una acción del todo desproporcionada. PA pa PA pa PA. Se te ocurre que es mejor servirle una venganza fría: averiguar quién es y replicar su ruido mientras esté durmiendo... Ay, no, eso sería como seguirle el juego. No, no, no, tú eres una persona civilizada. "Disculpe, señor Jiménez, ¿sería usted tan amable de no poner la música tan alta por las noches? Es que hay gente que tiene por costumbre madrugar, algunos incluso deben hacerlo para ir a trabajar". "Y una mierda, estoy en mia casa y hago lo que me sale de ahí mismo", piensas que va a ser su respuesta, porque sí, porque ya está demostrando su caracter. "Que te jodan", le dirías entonces cerrándole en las narices la puerta de su propia casa. Eh, eh, eh, cuidadito que te estás calentando y no es bueno ni para tu corazoncito ni para la densidad de población de canas de tu cabeza. PA-PA.

No te sulfures, hazme el favor... Papapapapapapa. PAPAPAPA. ¡No te sulfures! A ver, ¿quién no se olvida esporádicamente de la intimidad del hogar y excede el límite de decibelios tolerables en un edificio de más de veinte apartamentos? Esto es, está el bebé que llora de forma insistente porque tiene unas décimas de fiebre, esa pequeña obra en el cuarto de baño, aquel día de recolocar los muebles en el salón para que se sienta más espacioso, los taconazos para la boda del primo - con todas sus prácticas pertinentes para no tropezar en el momento más inoportuno-, ese cumpleaños que pretendía ser discreto y acabó yéndose de madre, el partidito de fútbol - o el de tenis o baloncesto, e incluso una competición de natación sincronizada porque, otra cosa no, pero aquí todos somos muy deportistas, al menos como seguidores por televisión,... Lo ves, si es que al final todos en algún momento hemos molestado a otros... Muy bien, eso es, vuélvete a la cama y sigue disfrutando del concierto, ojo que es gratis, y que además ahora ya solo te quedan cinco horitas para que suene el despertador; si es que quieres apurar tanto el día que luego pasa lo que pasa... Veeenga, a dormir, no te deleites tanto con tu vida de mierda, si total, a estas horas ya no vas a hacer nada para cambiarlo, ¿no?

miércoles, 18 de febrero de 2026

Sujeto indeterminado

No sé... Quizá. Tal vez. No digo yo que no, pero tampoco puedo decir que sí. ¿Lo entiendes? O sea, a lo mejor es una buena idea. Pero también puede que sea un desastre. Yo no puedo... elegir.

Pausa. Silencio. La mirada perdida más allá del horizonte.

Desde luego que hay que tomar una decisión, ahí estamos de acuerdo, pero no solo depende de mí, no es este el caso, así que... Pues es que ahora mismo no sé qué opción es mejor... Hablamos de eso, de ir por el camino que más nos favorezca. Tengo mi opinión, por supuesto... pero no quiero condicionarte.

El cuerpo tenso y la boca sin saliva.

No digo que no quiera tomar una decisión, digo de llegar a un acuerdo... y que plantees tú primero por dónde preferirías que fuéramos. Que lo hablemos, vaya, siempre hemos dicho que nos enorgullecía nuestra comunicación activa.

Y aún así, el corazón sin acelerarse de más.

Si estuviera yo solo... pues me daría igual lo uno que lo otro, pero ahora... tal vez. Quizá. No sé.

sábado, 14 de febrero de 2026

El que está a tu lado

Una ráfaga de viento que te arrulla, acompaña tus pasos con delicadeza y te sostiene los días en que tus piernas flaquean. Un huracán que te sacude, que te lanza lejos y te aparta de la senda; no borra tus pasos, no te impide regresar, solo te enseña otros caminos.

La fuerza que sostiene tu mirada y te hace brillar de forma natural, esa por la que te levantas antes de que amanezca. Ese terremoto que te arrasa y del que nadie conocerá su magnitud ni probablemente aprecie sus consecuencias.

Una ola que te mece tan suavemente que te hace incluso dudar de que la gravedad exista en el mundo real. Un tsunami que todos preciden debiera alcanzarte pero que no tiene más remedio que achantarse.

lunes, 2 de febrero de 2026

En medio de la ciudad

Manuela camina hacia el edificio verde. Pasa un coche por la carretera y luego otro. El pavimento está mojado y la fricción de las ruedas la sobresalta. Son las siete y media de la mañana. Ahora pasan tres coches, más deprisa y haciendo más ruido. Ha salido de casa puntual aunque aún no tenga una respuesta. Un taxi pita a otro para que apure un poco más el hueco de aparcamiento y así puede maniobrar bien en la esquina. Se andan a voces sin bajarse ninguno de los dos.

La muchacha tiene la esperanza de que, caminando, le termine de llegar la inspiración divina y se incline por tomar una decisión. Una moto baja la calle a toda velocidad. El motor es aún más escandaloso cuando se detiene en el semáforo. Ella cruza por el paso de cebra. Le gustaría poder concentrarse ni siquiera en el repiqueteo de lluvia. Una ambulancia lleva la sirena encendida. Detrás, la policía y, al poco, también hasta los bomberos con la alarma bien potente pese a que no haya tanto tráfico. Vuelve a pensar en las consecuencias inmediatas de decantarse por una u otra opción. Un Ferrari arranca un poco más allá y el dueño quiere que toda la manzana se entere de que tiene un carrazo. Ruge una y otra vez como si no le importara que algún vecino aún pudiera encontrarse durmiendo.

La chica apenas llegará a la treintena. Tiene que concentrarse profundamente para seguir su hilo de pensamiento. Los coches se suceden con más frecuencia en la avenida principal. Se pone los auriculares aunque el conector queda perdido en el bolsillo, solo por tratar de minimizar un poco el eco de la carretera. Otra ambulancia. Una moto. Un autobús pitando medio atravesado a la salida de una calle. Un coche que, sin saber ella mucho de mecánica, le suena a que debería ser urgentemente revisado en un taller.

Ha llegado. Está frente al edificio verde. El coche de su jefe pita insistentemente a modo de saludo. TOMAR UNA DECISIÓN YA. Un par de motos y un taxista cabreado. Manuela contempla el edificio. Los coches se suceden ignorando, obviamente, su presencia. Ella, por más que lo intenta, no puede dejar de escucharlo. Otra vez la policía. Un camión de basura. Un coche con un megáfono que anuncia ofertas en alfombras en una tienda local. Un frenazo. Un coche derrapando. Varios pitidos. Un martillo eléctrico levantando el asfalto. Vamos, Manuela, no es tan difícil tomar una decisión.