martes, 25 de agosto de 2026

La parada: ella

La estación de autobuses es un hervidero de gente yendo y viniendo, unos iniciando sus vacaciones, otros regresando, algunos simplemente huyendo de la capital durante el fin de semana y unos pocos marchando de o hacia el trabajo. La mayoría de bancos son ocupados por un breve espacio de tiempo, pero hay uno justo en la mitad del pasillo en la que están una pareja sentados desde hace más de hora y media.

Rondarán la treintena. Ella lleva un vestido corto y muy escotado; él un vaquero con una sencilla camiseta verde. Discuten. No, dos no discuten si uno no quiere. Ella le regaña, le echa en cara detalles estúpidos aún reconociendo que no es para tanto, pero le sigue chillando como si fuera un error mortal. Tiene una voz irritante, aguda, de las que se te clavan en el tímpano y no consigues sacarte con la música a tope en los auriculares. Él, cabizbajo, murmura disculpas cada poco tiempo. Ella no las acepta, las critica incluso.

Algún transeúnte se detiene y les observa momentáneamente. Ella les dedica una fría mirada y continúa su discurso, como si realmente fuera un texto político para el próximo debate electoral, con las justas propuestas de mejora y una tonelada de mentiras con las que tapar sus propios escándalos. Él se siente humillado, más por la situación que por ser consciente de las miradas indiscritas. Y ella sigue y sigue repitiendo temas, desgranándolos hasta la saciedad, incansable.


Próximamente continúa con La parada: él

viernes, 21 de agosto de 2026

Vacaciones

- Una camiseta, un pantalón, el bañador, las gafas de buceo, una falda, las chanclas, el pijama, calcetines, ropa interior, unas deportivas y el neceser. Y luego llevo dos libros (para el ebook ya no hay hueco y hay que saber contenerse), cinco cuadernos y diez bolígrafos (porque cada historia tiene su propia tinta más su correspondiente repuesto, por si acaso).

- ¿Y cuánto tiempo dices que te vas?

- Seis... días... mmm... tienes razón, creo que debería sacar las deportivas; con las zapatillas que llevo puestas es suficiente... y la falda también la quito, me voy de vacaciones, no de fiesta.

- Pensaba que ibas a descansar.

- Sí, por eso solo llevo cinco cuadernos, no ha sido nada fácil la selección.

viernes, 24 de julio de 2026

¿Cómo se hacía?

Y… bueno… pues…

Es sencillo…

Sí, lo es.

O sea, ha pasado un tiempo desde la última vez.

Sí, ha habido una pausa.

Pero esto es como montar en bici, no se olvida.

No, no, se lleva en la sangre.

Hay que prepararse.

Concentrarse más bien.

Pero ayuda seguir un ritual.

Sobre todo, tomarse en serio el trabajo.

Y poner un poco de música.

No bloquearse ante la página en blanco.

Tener una bebida estimulante: café, té o lo que más te guste.

Poner el teléfono en silencio para evitar distracciones.

Y un poco de incienso, pero que no haga mucho humo.

...

...

Coges un cuaderno.

Sí, uno cualquiera.

No, no, uno que lleves un tiempo reservando para el momento adecuado.

También vale un folio en blanco, o incluso un papel en sucio que…

Eso es un poco ordinario, pero estrictamente sí, también sirve.

El cuaderno al final va a acabar lleno de tachones y lo que importa va a ser el contenido.

Vaya con la del ritual...

Yo solo te hablo desde mi experiencia.

Que sí, venga, y también se puede hacer a ordenador.

Pues sí, y facilita compartirlo con otras personas.

Eso si te quieren leer.

Muy cierto.

Bueno, ¿qué, le damos?

También puedes empezar tú.

Madre mía, ¿cómo estamos hoy?

Sí, ya… mejor dejarlo para otro día.

Sí, claro, o para otra vida.

Quizá sea lo mejor.

Era ironía.

Pues yo no lo he notado, no había ningún signo que lo indicara.

Venga, mujer, no te hagas la tonta, que…

Óyeme, tú a mí no me insultas.

¡¿Pero y ahora qué he hecho?!

No, más bien, ¿QUÉ has dicho? ¿Qué y CÓMO? Porque es que claro,
nos pensamos que aquí todo vale, pero hay que cuidar la forma y el fondo.

Mira, esa es una lección importante para…

No me cambies de tema…

No, si tú con tal de no sentarte a escribir haces cualquier otra cosa.

Perdóname pero fuiste tú quien inició la discusión.

Pues sí, pero digo yo que también servirá como ejercicio de escritura.

Sí, de escritura creativa, que se lleva mucho ahora.

Pues ala, un par de likes y a otra cosa.

O a por otro texto.



martes, 30 de junio de 2026

Me he comprado una planta y la voy a asesinar

Ha sido un autoregalo, me apetecía mucho tener una plantita, darle algo de color a la rutina, verla crecer. Es que de pronto hasta tenía ilusión.

Pero ha sido una decisión muy egoísta. Si aún no he quitado ni la decoración de Navidad (ni planeo hacerlo en las próximas semanas). Si apenas he sido capaz de cuidarme a mí misma estos meses. Egoísta también porque sobrevivir a los más de treinta grados casi constantes de casa no es viable. Y aún así, la metí en la cesta de la compra, la puse en la cinta transportadora, la pagué y caminé con ella hasta casa.

Diría que los primeros días sí la cuidé. Pero en cuanto empezó a quedarse sin flores, miré a otro lado. Ya me habían dicho que podía ser solo por su ventana de floración y que debía persistir en sus cuidados.

Desistí sin intentarlo y luego la mantuve muerta en el salón por varios días. Como si mirarla con pena fuera a revivirla. Como si la pasividad me pudiera salvar.

jueves, 18 de junio de 2026

Reincidente

Es raro estar aquí de nuevo. Raro. Confuso. Triste. Motivador. Empezar de cero sin partir de cero. Comprensible, más que nunca. Pero empezar de nuevo como tantas otras veces. La duda de si habrá una próxima ocasión... porque haya llegado el final o porque no haya una pausa.

Difícil concentrarse. Un poco por el calor, un poco por el ruido del ventilador, un mucho por la falta de costumbre. Otro tanto por el peso de la conciencia y el ritual desvanecido. El absurdo y la lógica de la carga mental. ¿Y qué? Mirar la pantalla y sentirla ajena pero como siempre: una pestaña con el blog, un video de Youtube con un piano tranquilo, el diccionario de sinónimos, el Drive con numerosos archivos acabados en " - pendiente revisar".

Tener de nuevo un documento abierto: con su esquema de escenas, con su código de colorines sobre frases a revisar, con comentarios en los márgenes. Poner los dedos sobre el teclado, pasear la yema con suavidad por las distintas letras pero sin pulsarlas todavía. El vértigo y la ilusión. El vacío y la esperanza.

jueves, 21 de mayo de 2026

Un océano inmenso

He visto emerger una isla frente a mis costas. Una bien frondosa y en calma. No me he vuelto loca imaginando cómo sería vivir allí, ni tampoco me he desesperado buscando la forma de llegar. La he contemplado en la distancia y me he sonreído como si de alguna manera estuviera viendo una imagen real de mi futuro.

Entonces he parpadeado. Solo un pestañeo fugaz para evitar la sequedad de la córnea.

La bocina de un camión. El adelantamiento temeroso entre dos coches. Un grupo de colegas vociferándose en mitad de la noche veraniega. Gente corriendo. Luz constante. Un pozo profundo. Máquinas engrilletadas a la rutina. Ni siquiera el recuerdo del más simple atardecer.

En solo un instante, se ha hundido la isla, se ha evaporado el mar, se ha difuminado la costa e incluso he desaparecido yo.

miércoles, 15 de abril de 2026

Las distancias

Los latidos descontrolados. La respiración insuficiente. El temblor desvocado. La pérdida de memoria. El hospital. El dolor. La grieta. El abismo. El descenso a los infiernos. El pozo que no tiene fondo. Una planicie sin nada a lo que agarrarse. Un faro a lo lejos.

El recuerdo. La chispa que incendia la noche. El perfume que ya no huele a tu colonia. El abrigo que ya no protege del frío. La melodía que ya no escapa de tu garganta.

El recuerdo de los días que compartimos y aquel primer regalo de cumpleaños. Una fotografía sobre el escritorio. Tu plato favorito y una tonelada de pan para poder rebañar hasta la última gota de la salsa de arándanos. Una caja llena de cromos arrinconada en el trastero.

La tristeza. La más profunda. El paso del tiempo y la ausencia. Tu presencia invisible. Inevitable. El llanto amargo. Las lágrimas pausadas. La ternura. El cariño. Una sonrisa tibia al pronunciar tu nombre.