Un hombre grande. Gigante. Un oso. Con mucha barba. Con mucha espalda. Con unas botas tan enormes que podrían ser la cesta de la compra. Se tiene que agachar para caber por la puerta. Sonríe nervioso y camina hacia el fondo de la clase. Se sienta en una silla ridícula en comparación con su cuerpo.
Entra la profesora y se presenta. Pide a los alumnos que digan su nombre y el motivo de su interés por esas clases. El hombre colosal es el último en hablar. Se llama Jardiel y vive en la casa del alto de la montaña. Ahora se ha quedado solo pero su hermana quería que fueran juntos a esa clase. No ha ido a la universidad y apenas ha salido de la provincia. Pintar... no mucho, lo más parecido ha sido tallar alguna cuchara de madera.
La profesora les habla de una técnica y les propone un ejercicio; deben intentar seguir su consigna pero tienen libertad para dejarse llevar. Pone música de fondo, suave y agradable. A Jardiel más bien le invita a dormir. Toma un lapicero y se queda un largo rato mirando el lienzo. De pronto parece tenerlo claro, comienza a deslizar la punta por el lápiz, son trazos precisos.
La profesora se pasea entre los alumnos conversando y dándoles algún consejo sobre cómo mejorar sus trabajos. Cuando llega a Jardiel observa con extrema atención. Él está tan concentrado que ni parece advertir su presencia. No le hace ningún comentario pero se sonríe para ella misma.
Cuarenta minutos después, la maestra llama la atención de la clase y propone que muestren sus obras explicando brevemente su intención. Jardiel vuelve a ser el último en lanzarse a mostrar su pieza. Según le da la vuelta al lienzo, una exclamación generalizada recorre el aula. Un anciano le aplaude con entusiasmo y una chiquita joven expone de carrerilla toda una serie de palabras técnicas alabando la maestría de su pintura. Jardiel solo es capaz de asentir, sabe que la barba lo oculta pero sus mejillas arden y, si siguen elogiándole de esa manera, sus ojos acabarán por desbordarse.
La sesión concluye y la profesora propone una pequeña tarea para la siguiente clase. Jardiel recoge rápido. Algún compañero se le acerca para seguir comentando su técnica. Él se despide cordialmente y sale escopetado. Toma nota mental del ejercicio pero no tiene claro si debería volver.






