Una ráfaga de viento que te arrulla, acompaña tus pasos con delicadeza y te sostiene los días en que tus piernas flaquean. Un huracán que te sacude, que te lanza lejos y te aparta de la senda; no borra tus pasos, no te impide regresar, solo te enseña otros caminos.
La fuerza que sostiene tu mirada y te hace brillar de forma natural, esa por la que te levantas antes de que amanezca. Ese terremoto que te arrasa y del que nadie conocerá su magnitud ni probablemente aprecie sus consecuencias.
Una ola que te mece tan suavemente que te hace incluso dudar de que la gravedad exista en el mundo real. Un tsunami que todos preciden debiera alcanzarte pero que no tiene más remedio que achantarse.

No hay comentarios:
Publicar un comentario