Miradas de complicidad
y el reclamo de un beso fugaz.
Secretos a voces,
palabras perdidas
en medio de un viaje
que solo podremos soñar.
Nuestras canciones
ya no tienen prisa,
observan el tiempo pasar
encerrando los miedos,
Hay un instante en que el corazón se acelera y el estómago se llena de mariposas. Es amor... pero no como piensas. Escribir, leer,... vivir la cultura y no ser capaz de abandonarla. Me encantan las matemáticas pero amo el arte. Me gusta el cine pero amo el teatro. Sueño despierta porque la realidad en ocasiones me aburre. Me llamo Sara y quiero sentir.
Se montó en el tren con la expresión altiva y la mirada fría. Era una joven que no llegaría a los treinta años pero cuyas canas y seriedad la alejaban de la juventud. Vestía de negro de la cabeza a los pies y llevaba el pelo recogido en una trenza. No llevaba equipaje, tenía intención de regresar esa misma noche. Escogió un asiento junto al pasillo y depositó su maletín al lado de la ventana. Sacó el portátil y varios papeles. En las casi seis horas que duró el viaje no se levantó ni para ir al baño.
Había quienes caminaban por la playa a escasos centímetros y no se inmutaban. Su vista ahora ya solo podía fijarse en aquella lucecilla. Sin apartar la vista recorrió la escasa distancia que los separaba. Se agachó y lo observó con curiosidad. Era una clave musical bañada en plata y prendida de un hilo que hacía las veces de collar. Estiró la mano para cogerlo y sintió un intenso calambre en el instante en que su dedo índice rozó su superficie.
Siempre había sabido que era adoptado. Se sentía muy afortunado por los padres que tenía. Arreglando los papeles de un trámite como otro cualquiera descubrió que en realidad su cumpleaños era mes y medio más tarde y coincidía con el aniversario de su tercera exposición fotográfica. Fue en ese momento que empezó a festejar la fecha de su nacimiento de cara al público. Para él seguía habiendo otro motivo. Era lo de menos. Terminaba por convertirse en la exaltación de la amistad.
Para cualquiera ese habría sido el final. Si ninguno estaba por la labor de hacer un mínimo esfuerzo y dibujar una fina linea de color, no quedaba más que hablar.
Llegaban con toda la ilusión del mundo como novatos en ciernes que eran. Aún sin conocerse se esforzaban por trabajar en equipo y hacer de la frialdad de aquellas paredes blancas, un entorno en el que sentirse a gusto. Su mundo pasaba por reír juntos y disfrutar de los silencios.