Ha sido un autoregalo, me apetecía mucho tener una plantita, darle algo de color a la rutina, verla crecer. Es que de pronto hasta tenia ilusión.
Pero ha sido una decisión muy egoísta. Si aún no he quitado ni la decoración de Navidad (ni planeo hacerlo en las próximas semanas). Si apenas he sido capaz de cuidarme a mí misma estos meses. Egoísta también porque sobrevivir a los más de treinta grados casi constantes de casa no es viable. Y aún así, la metí en la cesta de la compra, la puse en la cinta transportadora, la pagué y caminé con ella hasta casa.
Diría que los primeros días sí la cuidé. Pero en cuanto empezó a quedarse sin flores, miré a otro lado. Ya me habían dicho que podía ser solo por su ventana de floración y que debía persistir en sus cuidados.
Desistí sin intentarlo y luego la mantuve muerta en el salón por varios días. Como si mirarla con pena fuera a revivirla. Como si la pasividad me pudiera salvar.

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