Sabían de la existencia de la cueva porque estaba marcada en el mapa local. Habían comprado linternas para llevar sobre la cabeza e incluso llevaban un par más en la mochila. El calzado era adecuado y la ropa de abrigo también.
Desayunaron en el pueblo y comentaron con varios lugareños lo hermoso que les estaba resultando la zona. Hicieron una pequeña ruta antes de dirigirse hacia allí.
Para cuando se internaron en la cavidad principal, era mediodía. Observaron de manera respetuosa las estalactitas y estalagmitas, así como pequeños insectos, e incluso un grupo de murciélagos. Comentaron la posibilidad de buscar algún curso de espeleología y conocer más en profundidad el subsuelo.
Tampoco es que se hubieran internado por huecos excesivamente estrechos ni que intentaran trepar piedras demasiado resbaladizas.Pero no llegaron a salir.
Tan solo se detuvieron a unos metros del acceso principal y la pared se los tragó como si siempre hubieran pertenecido al interior de la cueva.
