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miércoles, 12 de enero de 2022

Intuiciones (y títulos pobres)

Combinar las palabras en un juego que aparenta carecer de lógica. Es una voz interior que dicta con conciencia aunque no le encuentre sentido aún. Tiene que nacer. Quizá solo lo entienda un tiempo después. O nunca. Pero tiene que ser así. Pero quiero que sea así. Inexplicablemente vida.

Quemar su significado, darle la vuelta y dejar que el viento se lleve sus cenizas. Pueden llegar como susurro o como grito. Encuentran su tono deslizándose entre mis dedos: acariciando la piel y rascando las uñas. A veces tengo que acunarlas para que no se precipiten; otras, son retenidas en un cerco de sangre ahuyentando sus temores.

Generar una estructura lo suficientemente firme para que llame la atención por sí misma y creas que me has atrapado. Lo suficientemente endeble para mantener el ritmo y confíe en lo queda más allá de la musicalidad. El sustrato es esa puerta a la adrenalina. Las escaleras te llevan a un infinito de posibilidades que se pelean en el ático.

Cuestionar la sobreadjetivación y la concreción de cada frase. Se balancean preguntas sin respuestas que aún no tienen forma de interrogante. Letras por símbolos que conducen imprudentes en carreteras pantanosas y aceleran al llegar la media noche, cuando la luna silva en el reflejo de los amantes sin sueño.

Tener que darle un título y no encontrar su consistencia. Es la necesidad de nombrar para que comience a existir y no permanezca en la penumbra eternamente, de definir sus límites para que sea un marco y sostenga las piezas de un puzle que no siempre está acabado, puede que barnizado antes de comprender que las fichas no encajan, pero que igualmente merece ocupar un espacio.

Adjudicar una fotografía. Se trata de vagar entre los recuerdos y reconocer como única posibilidad aquella imagen que no estaba planeada para un texto así. En ocasiones frustrante si se dibuja como matrimonio de conveniencia. Quizá solo una cuestión de que necesitan más tiempo para conocerse. Si han acabado juntos no ha sido por una decisión al azar. Hay un hilo, invisible a los ojos pero no al corazón.

Entrar en la categoría de prosa poética. Porque es un mundo de tinieblas en el que se aprecian formas y colores. Porque huye de las rimas y abraza la belleza estética que se manifiesta en las profundidades. Porque hay un camino señalado y la obligatoriedad de interpretarlo a gusto del consumidor. Porque es intuición y, sobre todo, ganas consumadas de contar.


jueves, 7 de noviembre de 2019

¿Y por qué tras el espejo?

El poder de la palabra
conectada con el mundo.
El amor,
verdad
en unos labios de cristal.

No hay reglas.
No hay límites.

Disfrutar
la otra parte de la realidad.

Se llama poesía.


miércoles, 25 de enero de 2017

¿Y por qué día a día?

Para vivir a veces hace falta valentía sino quieres acomodarte en la rutina. La sociedad en ocasiones es muy cruel y rechaza tu forma de ser, primeramente con el calificativo de raro y después con el absoluto abandono. Yo lo rechazo y lo condeno. Soy extraña y me gusta ser rara. Pocas veces criticaré en directo, me morderé la lengua, pero antes de envenenarme, sacaré yo misma el veneno.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Advertencia

En mi lucha con la tecnología aún pierdo bastantes batallas. En otras... Menos mal que lo mio es la escritura.

¿Y por qué probar?

Voy a empezar creo que mi cuarto año. Lo he intentado dejar pero no hay terapia que valga. Y eso que no quería apuntarme. ¡Ay, dichoso taller de escritura! Tengo unos compañeros sorprendentes que llenan las tardes de martes con universos donde absolutamente nada es imposible.

¿Y porqué por los ojos?



No es mi principal centro de atención pero no puedo negar que tiene algo que me atrapa. Será por eso que estudio Comunicación Audiovisual. Alemanas, japonesas,... no me importa la nacionalidad, pero presto especial atención a las independientes españolas, ¿será que hacia allí me dirijo?

¿Y por qué sentir?

Algo se removió en mí. Había ojeado aquel tipo de folleto docenas de veces. Y siempre terminaba archivándolo en la p... de papelera. Sin embargo aquella vez... La elegida fue Otelo (dir. Eduardo Vasco). Al principio no me enteraba de nada, pero... una frase, un movimiento, un efecto de luz,... poco a poco empecé a sentir... y a respirar la pureza del arte. El teatro había llamado a mi puerta y no pude resistirme a conducirlo hasta el fondo de mis entrañas.

¿Y para qué vivir?



De pequeña odiaba la lectura. Según dicen me cogía unos berrinches tremendos. Yo no lo recuerdo. Pero el tiempo pasó y me enamoré de la escritura. Supongo que tarde o temprano me gustaría leer. Ahora me regañan por comprar libros... que ya no caben en la estanterías...

¿Y por qué regaladora de cuentos?




Ella tenía miedo y con mi fantasía quise ayudarla. No sé si lo lograría, pero fue el nacimiento de mi primer cuento y mi entusiasmo por regalarlos. La emoción que siento con cada entrega es mucho más que un motor de vida. Y todo gracias a mi valiente Elenita.

¿Y por qué papel y lápiz?

Por mucho tiempo lo evité. Menos mal que apareció Ana para abrirme los ojos. La insistencia de mi padre no fue suficiente.

Comencé en un tedioso verano que al final no lo sería tanto. Maravillosas tardes de escritura entre sueños e ilusiones. Y entonces no lo pude abandonar. El lápiz se convirtió en mi mejor arma; y el papel, en el más fiel de mis aliados.