sábado, 14 de mayo de 2022

Algunas tardes

Está escondido. Entre el cesto de la ropa sucia y el estante de libros pendientes de leer. Se agazapa entre las sábanas, lo suficientemente cerca de la almohada y lo suficientemente alejado del despertador. Aguarda en un rinconcito de la habitación sin acechar pero sin perder de vista su objetivo.

Se recuesta en la alfombra y se arrastra por el parqué. Encuentra sustento junto al radiador. De vez en cuando se acomoda en el sofá, pero solo en los momentos en que no hay nadie viendo el telediario. Brinca sobre los cojines al escuchar que todos roncan y en el instante en que empiezan las vacaciones, se hace amigo de los peluches y el frigorífico.


Se sube al techo en invierno y permanece junto a la ventana en primavera. Vagabundea entre los zapatos que quedaron demasiado pequeños y el reloj que siempre marca la misma hora.

Trata de echarse una cabezadita sobre el cuaderno inacabado de matemáticas. Sueña que puede dormirse en las fotografías familiares y entonces vuelve a esconderse. Entre los juguetes olvidados al fondo del cajón y los calcetines perdidos en la lavadora.

Se acobarda y deja que las cortinas sean agitadas de forma violenta. Se retrae y el humo avanza. Entre las horas muertas y los silencios ahogados. Entre el día y la noche.

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